Un concepto funcional, no solo muscular
El core no es simplemente el conjunto de músculos abdominales visibles. En fisioterapia, se entiende al core como un complejo sistema de músculos profundos y superficiales que rodean el centro de gravedad del cuerpo, donde convergen columna, pelvis y caderas. Su función principal es estabilizar, generar y transferir fuerza entre diferentes segmentos corporales. Para que sea funcional, se requiere algo más que fuerza: debe haber coordinación neuromuscular, equilibrio estructural y control motor.
El core como centro de estabilidad corporal
Desde una visión terapéutica, el core es el eje central de las cadenas cinéticas funcionales. Un core eficiente permite mantener una postura correcta, facilita movimientos como la aceleración o desaceleración, y mejora la capacidad del cuerpo para absorber y redistribuir cargas.
Se considera que alrededor de 29 pares musculares están involucrados en su estructura, incluyendo al transverso del abdomen, multífidos, diafragma y suelo pélvico entre otros. Estos músculos no solo participan en el movimiento, también son esenciales para la respiración, la estabilización intervertebral y el control postural automático.
Una visión moderna: tensegridad y control motor
El modelo actual de análisis del core se basa en el concepto de tensegridad: una estructura donde los elementos rígidos (huesos) están suspendidos en una red continua de tensión (músculos, tendones y fascias). Este modelo explica cómo pequeñas alteraciones pueden generar desequilibrios funcionales a nivel global, incluso en zonas alejadas.
Se suman también las nociones de zona neutral, co-contracción y control anticipatorio, que han reemplazado a los clásicos ejercicios isométricos. Ahora se busca trabajar el core desde un enfoque funcional, con ejercicios que respeten la biomecánica real del cuerpo y sus adaptaciones dinámicas.
Principales músculos implicados
El transverso del abdomen actúa como una faja natural, con contracciones que aumentan la presión intraabdominal (PIA) y estabilizan la columna antes de cualquier movimiento de las extremidades. Los multífidos, por su parte, estabilizan los segmentos vertebrales con contracciones suaves y constantes. El diafragma y el suelo pélvico cierran el sistema desde arriba y abajo, creando un cilindro funcional que se adapta a demandas posturales y respiratorias.
Implicaciones clínicas del entrenamiento del core
Un core débil o descoordinado puede estar detrás de dolencias como una lumbalgia, inestabilidades pélvicas, alteraciones respiratorias o incontinencia urinaria. En fisioterapia, entrenarlo implica mucho más que hacer abdominales. Se utilizan estrategias de reeducación postural, control motor, activación selectiva y ejercicios funcionales adaptados a cada paciente.
Conclusión: estabilidad desde el centro
El trabajo del core es esencial para una buena salud musculoesquelética. Más allá de la estética o el rendimiento deportivo, su correcto funcionamiento permite al cuerpo moverse con eficiencia, economizar energía y evitar lesiones. En fisioterapia, representa una herramienta fundamental para rehabilitar, prevenir y optimizar el movimiento.


